Como cada inicio de año, el universo de la alta relojería aguarda con expectación el movimiento de ficha de la marca de la corona. Sin embargo, la actualización de tarifas de Rolex para este 2026 no es un simple ajuste por inflación. Nos encontramos ante una reestructuración profundamente quirúrgica que revela mucho más sobre la salud del mercado de lujo y las tensiones macroeconómicas globales de lo que parece a simple vista.
Un ajuste selectivo frente a la uniformidad del pasado
A diferencia de años anteriores, donde los incrementos solían ser transversales, en 2026 Rolex ha optado por una subida graduada que oscila entre el 1% y el 6%. La gran sorpresa reside en la contención del acero. Mientras que en 2022 y 2023 los modelos de entrada sufrieron presiones alcistas considerables, este año el gigante suizo ha decidido proteger sus piezas de acero, como el Explorer o el Oyster Perpetual, manteniéndolos en la franja más baja de la subida (cercana al 1% o 2%).
Esta decisión no es casual. El acero representa el volumen y el punto de entrada para los nuevos coleccionistas. Al mantener estos precios relativamente estables, Rolex asegura la lealtad de su base y evita enfriar un mercado que ya muestra signos de fatiga tras el «boom» de la pospandemia.
El oro y el platino: la paradoja de los materiales
El verdadero protagonismo de este ajuste lo tienen los metales preciosos. Los modelos fabricados en oro de 18 quilates(ya sea amarillo, blanco o Everose) han experimentado subidas que rozan el 6%. En modelos icónicos como el Day-Date 40, esto se traduce en incrementos que superan los 2.400 euros de un plumazo.
Lo curioso ocurre con el platino. A pesar de que este metal ha vivido un ciclo alcista agresivo en los mercados de materias primas —alcanzando máximos históricos por encima de los 2.300 dólares la onza debido a la escasez de oferta—, Rolex solo ha subido sus modelos de platino un 3,5% de media. Esta aparente contradicción responde a una estrategia de pirámide de valor: Rolex está utilizando el platino como su máxima expresión de exclusividad silenciosa, permitiendo que el margen del oro absorba parte de la volatilidad del platino para mantener la coherencia en su catálogo de super lujo.
El «factor arancel» y la brecha transatlántica
Una de las claves más reveladoras de 2026 es la disparidad geográfica. Mientras que en Europa los ajustes se mantienen dentro de la lógica de materiales, en Estados Unidos se han registrado incrementos de hasta el 15% en determinadas referencias de oro.
La explicación no reside en la manufactura, sino en la geopolítica. Las tensiones comerciales y la imposición de nuevos aranceles a los productos de lujo suizos han obligado a Rolex a repercutir estos costes aduaneros en el precio de venta al público (PVP) estadounidense. Esto crea una brecha de precios significativa que, previsiblemente, reactivará el turismo de compras en Europa y alterará los flujos del mercado secundario global.
El impacto en el mercado secundario y la disponibilidad
¿Qué significa esto para el coleccionista de a pie? El aumento del PVP en los modelos de metales preciosos suele actuar como un imán para el mercado de ocasión. Al encarecerse el reloj nuevo en el concesionario, las unidades de «segunda mano» ganan atractivo, lo que estabiliza sus precios de reventa.
A pesar de estas subidas, la disponibilidad sigue siendo el gran desafío. Rolex continúa produciendo aproximadamente un millón de relojes al año, una cifra insuficiente para la demanda global. En 2026, la estrategia parece clara: menos volumen de crecimiento en precios para el acero para mantener la deseabilidad, y un posicionamiento mucho más agresivo en los metales preciosos para consolidar su estatus como valor refugio inalcanzable.



