Rolex resucita la leyenda: así es el nuevo Perpetual Padellone con calendario anual y fase lunar

Hay nombres que los coleccionistas pronuncian casi en voz baja, con el respeto que se reserva a las piezas irrepetibles. «Padellone» —la «sartén grande», en italiano— es uno de ellos. Durante más de setenta años, esa referencia 8171 fabricada por Rolex entre 1949 y 1953 fue un fantasma elegante: apenas mil unidades, un calendario completo con fase lunar y un tamaño enorme para su época que le valió el apodo. Hoy, contra todo pronóstico y fuera del calendario habitual de la marca, Rolex ha resucitado la leyenda. Se llama Perpetual Padellone, y no es un simple ejercicio de nostalgia: es una de las declaraciones técnicas más ambiciosas de la corona en décadas.

Un icono que vuelve con la lección aprendida

La 8171 original era bellísima y, a la vez, tramposa. Como todos los calendarios completos de su generación, exigía manosear correctores laterales cada vez que un mes tenía menos de 31 días. Era el precio de la complicación en los años cuarenta. La nueva Perpetual Padellone corrige ese pecado original de la forma más rolexiana posible: sin aspavientos, con ingeniería.

Alojada en una caja de 39 mm —un guiño casi exacto a los 38 mm de la pieza histórica— y disponible en oro Everose o platino 950, la novedad combina un calendario anual completo de salto instantáneo con la clásica fase lunar. Traducido: el reloj distingue solo los meses de 30 y 31 días y únicamente pide un ajuste al año, a finales de febrero. Y lo hace con un cambio de fecha, día y mes seco, limpio, a medianoche, sin el arrastre perezoso de otros calendarios.

El Calibre 7190: donde de verdad está la noticia

Que nadie se deje engañar por la estética vintage. Dentro late uno de los movimientos más modernos que ha firmado Rolex. El nuevo Calibre 7190 automático hereda lo mejor de la reciente artillería técnica de la marca: el escape Dynapulse estrenado en el Land-Dweller, alrededor de un 30% más eficiente que el escape suizo de áncora convencional, y la espiral de silicio Syloxi, insensible al magnetismo. Todo ello latiendo a 5 Hz, con 66 horas de reserva de marcha, eje de volante de cerámica y la certificación Cronómetro Superlativo de rigor, con una precisión de entre –2 y +2 segundos al día.

La joya escondida, sin embargo, es el sistema patentado Haplos, el mecanismo que gobierna el calendario anual. Su elegancia está en la simplicidad: Rolex ha logrado esta complicación añadiendo apenas dos componentes —un dedo portador y una palanca anual— con la programación integrada en la cara oculta del disco de los meses. Frente a los enrevesados módulos de calendario de otras casas, es una lección de ingeniería minimalista. Y en alta relojería, restar suele ser mucho más difícil que sumar.

Detalles que se ven y detalles que se sienten

En lo estético, Rolex ha jugado sobre seguro y ha ganado. La versión en Everose estrena una esfera Blanco Intenso de acabado granulado mate; la de platino, el codiciado tono Azul Hielo, también granulado. Los índices facetados y los numerales aplicados en el 3 y el 9 aportan la dosis justa de clasicismo, mientras que las ventanillas de día y mes coronan el dial a las 12. El detalle que hará suspirar a los puristas: el disco de la fase lunar es de esmalte azul con lunas de meteorito. Pura sofisticación discreta.

Hay además un guiño para quien busca lo más difícil de conseguir. Por primera vez, Rolex ofrece su brazalete Settimo —siete eslabones redondeados y pulidos con Crownclasp oculto— en oro Everose. Las otras configuraciones montan correa de piel de aligátor, marrón mate en el oro y negra mate en el platino, con forro de becerro verde.

¿Y el precio? Aquí es donde duele

Como cabía esperar, esto no es un Rolex de lista de espera de acero. La gama arranca en la referencia 53505-0002, el Everose con correa de piel, en torno a los 52.500 francos suizos. El platino sobre piel (ref. 53506-0002) sube hasta los 59.000, y la joya de la corona, el Everose con brazalete Settimo integrado (ref. 53505-0003), se planta en los 64.800 francos. Cifras de alta relojería sin complejos, coherentes con una pieza que Rolex no concibe como reloj deportivo, sino como manifiesto de sabiduría relojera.

Veredicto de primera impresión

Lo fascinante del Perpetual Padellone no es que Rolex mire al pasado —eso lo hace toda la industria—, sino cómo lo hace. Ha tomado uno de sus diseños más románticos y lo ha rellenado con la tecnología más puntera de su catálogo, resolviendo de paso el único defecto que tenía el original. Es vintage por fuera y radicalmente contemporáneo por dentro. Si el objetivo era demostrar que la corona todavía puede sorprender cuando quiere, misión cumplida. Ahora solo queda la parte difícil: encontrar uno.

 

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